La provincia de Misiones despide hoy a una de sus voces más comprometidas y un luchador incansable por los derechos de los pueblos originarios. A los 75 años, falleció Marcelo Jorge Baigorri, más conocido como “Vasco” Guerrico, cuya vida estuvo marcada por una profunda dedicación al pueblo mbya guaraní y a la defensa del medio ambiente. Su partida ha generado un profundo pesar en las comunidades originarias, organizaciones sociales y en todos los espacios culturales que conocieron y valoraron su invaluable labor.
Radicado en Aristóbulo del Valle, el “Vasco” Guerrico no solo fue un periodista y escritor de renombre, sino un activista socioambiental que dedicó buena parte de su existencia a acompañar al pueblo mbya guaraní. Durante más de dos décadas, se desempeñó como coordinador de Prensa y Difusión del Equipo Misiones de Pastoral Aborigen (EMiPA), y también colaboró activamente con ENDEPA. Su compromiso se tradujo en una participación constante en reclamos por territorios ancestrales, acceso a agua potable y la promoción de la educación intercultural. Intervino decididamente en denuncias por desalojos y desmontes, siendo un testigo clave en situaciones tan complejas como la ocurrida en la comunidad Takuapí Mirí.
El legado de Guerrico trasciende su labor periodística y activista. Su compromiso lo llevó a enfrentar situaciones críticas, como el violento ataque con un machete que sufrió en 2019 mientras recorría un sector del parque provincial Cuña Pirú, una muestra de la intensidad de los conflictos territoriales que abordó. Pero su accionar no se limitó a la denuncia y la militancia; también fue un poeta, un fotógrafo con una mirada sensible y un magíster en Cultura Guaraní Jesuítica, profundizando el conocimiento y la difusión de la riqueza cultural de la región. Su obra literaria incluye títulos como Soy yo a pesar de mí, El país de las naranjas amargas y Las cabañas, trabajos que le valieron el reconocimiento de la SADE con la Faja de Honor. Además, fue pionero en la práctica del tiro con arco en Misiones, llegando a presidir la Asociación Misionera de Tiro con Arco (AMiTA).
Desde el EMiPA, donde trabajó incansablemente, lo despidieron con profunda emoción, destacando la esencia de su lucha. “Luchó siempre con el corazón para que el mundo sea más justo; para que los territorios estén en manos de sus dueños ancestrales”, expresaron en un comunicado. Subrayaron, además, la humildad y el respeto con el que caminó junto a las comunidades, afirmando que lo hizo “a la par, nunca por delante”, una enseñanza valiosa para las generaciones presentes y futuras que continúan su legado.

