El viernes 17 de julio marcó el final de un emblemático sueño industrial para la ciudad de Eldorado. La fábrica de calzado Dass reunió a los 150 operarios que todavía resistían los recortes previos para informarles que estaban transitando su última jornada laboral. Los trabajadores, muchos de los cuales pertenecían a la empresa desde sus comienzos hace 19 años, se despidieron compartiendo un almuerzo dentro del establecimiento, mientras la compañía notificaba oficialmente al sindicato que la producción cesaría entre el 17 y el 25 de julio. Como aspecto positivo dentro del difícil panorama, se garantizó que los empleados despedidos percibirán el cien por ciento de sus indemnizaciones de acuerdo con la legislación laboral anterior, asegurando que ningún trabajador pierda dinero en el proceso de liquidación.
Este cierre definitivo no obedece a una crisis financiera de la empresa, sino a una profunda reconversión estratégica frente a las políticas del presidente Javier Milei. La apertura de importaciones generó un nuevo escenario económico donde resulta mucho más rentable traer el calzado terminado desde el exterior que producirlo localmente. En consecuencia, las marcas Nike y Adidas pasaron a abastecer el mercado nacional directamente desde las ocho plantas operativas que el Grupo Dass posee en Brasil, donde los costos son más competitivos. Ante esta situación, la firma no abandonará sus operaciones en Argentina, sino que funcionará exclusivamente como importadora y representante comercial de licencias como Fila, Umbro y Asics, concentrando sus actividades en los centros logísticos ubicados en Coronel Suárez y Cañuelas.
El impacto social de esta decisión resulta devastador para la comunidad local. Los delegados gremiales Gustavo Alvarenga y Gustavo Melgarejo, representantes de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado (Uticra), expresaron su profunda tristeza y apuntaron directamente contra los funcionarios y legisladores de La Libertad Avanza por no intervenir para evitar el desenlace. En este contexto, el futuro laboral de los operarios se perfila sumamente complejo, ya que la falta de oportunidades empuja a los desempleados hacia la informalidad e incluso, según advirtieron los sindicalistas, a actividades ilegales como el contrabando fronterizo por el río Paraná. Por otro lado, un grupo muy reducido continuará su actividad en Brasil, mientras que otros deberán emigrar por su cuenta buscando oportunidades en el país vecino, enfrentando la separación de sus familias y el desafío del cambio de idioma.
La caída de este gigante industrial contrasta drásticamente con su historia de éxito productivo. La planta comenzó sus operaciones en agosto de 2007 bajo el nombre Dilly Classic, tras elegir a Misiones por sus exenciones impositivas y su cercanía estratégica con Brasil, llegando a albergar y emplear a 1.650 trabajadores durante su pico de máxima producción en el año 2015. Lamentablemente, el cierre en Eldorado es el último capítulo de un fuerte proceso de achique que ya había llevado a la clausura de la planta bonaerense de Coronel Suárez en enero de 2025, dejando a 360 personas en la calle. Esta dura contracción de la industria nacional del calzado se refleja también en otras históricas empresas argentinas, como la marca John Foos, que cerró su fábrica en Beccar para pasar a importar mercadería directamente desde Asia.

