El protocolo de actualización del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre China y Perú entró en vigor este domingo 1 de noviembre, según anunció el Ministerio de Comercio de China. La puesta en marcha del instrumento marca un nuevo capítulo en una relación comercial que, en poco más de una década y media, transformó su escala y su profundidad.
Las conversaciones para modernizar el acuerdo comenzaron en noviembre de 2018 y concluyeron con la suscripción del protocolo el 14 de noviembre de 2024. El TLC original había sido firmado en 2009 y rige desde 2010: se trató del primer tratado integral de libre comercio que China suscribió con un país latinoamericano, un dato que ayuda a dimensionar el valor simbólico y estratégico que Pekín le asigna a este vínculo.
De acuerdo con el comunicado de la cartera comercial china, el protocolo introduce mejoras en siete capítulos del texto original: reglas de origen, procedimientos aduaneros y facilitación del comercio, medidas sanitarias y fitosanitarias, derechos de propiedad intelectual, comercio de servicios, entrada temporal de personal de negocios e inversión.
A esas actualizaciones se suman cinco capítulos completamente nuevos, vinculados con la cooperación en estándares y evaluación de conformidad, la política de competencia, el comercio electrónico, las cadenas de suministro globales y la relación entre medio ambiente y comercio. La agenda, así, excede largamente la rebaja arancelaria clásica y se adentra en terrenos que hasta hace pocos años quedaban fuera de las mesas de negociación.
Un funcionario del ministerio chino señaló que el nuevo capítulo sobre cadenas de suministro globales promueve el transporte multimodal y el desarrollo de corredores logísticos de comercio exterior e infraestructura. Según explicó, esta disposición innovadora refleja el compromiso de ambos países de mantener las cadenas de suministro estables y libres de obstáculos, una definición que en el contexto internacional actual adquiere particular peso.
Por su parte, el capítulo sobre cooperación en estándares y evaluación de conformidad crea un mecanismo específico de cooperación e incluye una lista de acciones concretas. El objetivo declarado es construir una plataforma para el reconocimiento mutuo de estándares, lo que se espera que reduzca los costos comerciales para las empresas de ambos países y agilice los procesos de certificación.
Asimismo, ambas partes acordaron iniciar negociaciones sobre listas negativas para el comercio de servicios y la inversión dentro de los dos años posteriores a la entrada en vigor del protocolo. Se trata de un paso relevante: el criterio de listas negativas implica que todos los sectores quedan abiertos salvo aquellos que se excluyan expresamente, una modalidad considerada más ambiciosa que la de listas positivas.
Los números explican el interés mutuo. Desde que el TLC original entró en vigor en 2010, jugó un papel importante en la promoción de la cooperación económica y comercial bilateral: el comercio bidireccional aumentó de 6.400 millones de dólares en 2009 a 50.400 millones de dólares en 2025, un incremento de casi siete veces, según los datos oficiales difundidos.
China es el mayor socio comercial de Perú, su mayor mercado de exportación y su mayor fuente de importaciones, mientras que Perú es el cuarto mayor socio comercial de China en América Latina y un importante destino de inversión. La combinación de recursos naturales, alimentos y minerales por un lado, y bienes industriales, tecnología y capital por el otro, sostiene un intercambio que los nuevos capítulos buscan diversificar.
“Se espera que el protocolo ayude a aprovechar nuevas oportunidades para la cooperación bilateral en materia de comercio e inversiones, proporcione un mejor entorno empresarial para las empresas de ambos países e inyecte nueva vitalidad a las relaciones económicas y comerciales bilaterales”, comunicó el Ministerio de Comercio chino.
La entrada en vigor llega en un momento de reacomodamiento de los flujos comerciales globales, con cadenas de suministro bajo revisión permanente y una creciente competencia por asegurar corredores logísticos eficientes. En ese escenario, la actualización del TLC no solo ordena el intercambio bilateral, sino que también envía una señal sobre la estrategia china en la región y sobre la disposición peruana a profundizar un vínculo que ya cumplió más de quince años.