La noche del 25 de octubre, cuando Luiz Inácio Lula da Silva se consagró como presidente reelecto de Brasil, no habían pasado ni tres minutos de su discurso cuando tocó el tema que domina la conversación política regional: la injerencia de las plataformas digitales en los procesos electorales. “Esta fue una elección en la cual la gente tuvo que vencer la intromisión venida de fuera a través de plataformas digitales”, afirmó ante sus simpatizantes, en medio de aplausos.
“Vamos a tener que regularlas”, sostuvo con serenidad, lo que desató el júbilo entre quienes lo escuchaban. “No es posible que no seamos conscientes que los delitos en el mundo digital deben tratarse igual que los delitos en la vida real”, reclamó el mandatario, próximo a cumplir 81 años.
Lula ahondó en su advertencia: “No podemos permitir que existan empresas gigantescas que ganan miles de millones, sin pagar ningún impuesto a este país, intentando influir en el resultado electoral de este país. Esta elección fue una derrota para el negacionismo, fue una derrota de la mentira”. La declaración es una alusión indirecta a Meta, la empresa acusada de perjudicar el contenido publicado por la campaña del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) en sus redes sociales y, en cambio, favorecer el del candidato conservador, Flávio Bolsonaro.
No es la primera vez que en Brasil se escucha sobre la regulación de plataformas digitales. Lula, un veterano que gobernará el gigante amazónico por cuarta vez, ha alertado en múltiples ocasiones sobre los peligros que se ciernen en la materia para la sociedad. En el pasado, tanto él como otras autoridades, especialmente el célebre juez Alexandre de Moraes, entraron en una disputa con el hombre más rico del mundo, Elon Musk, por el papel de su red social, X, que incluso fue suspendida momentáneamente en Brasil.