El 11 de agosto marca una jornada de fiesta y memoria en el calendario de la provincia de Misiones. Ruiz de Montoya, un municipio que respira naturaleza y tradición, celebra un nuevo aniversario, invitando a reflexionar sobre el inmenso esfuerzo de quienes transformaron la espesura de la selva en un hogar próspero. Para los portales de noticias y la comunidad de nuestra región, recordar estos hitos es fundamental para mantener viva la identidad local y poner en valor el desarrollo del interior provincial.
Aunque durante muchas décadas la fecha oficial de celebración estuvo atada a la creación de la primera Comisión de Fomento el 11 de agosto de 1945, la historia de Ruiz de Montoya es mucho más antigua y profunda. Tras un valioso proceso de investigación y reivindicación impulsado por la propia comunidad y sus historiadores, el municipio reconoció formalmente en 2022 que el verdadero inicio de su poblamiento se remonta al año 1919. A pesar de este ajuste en el año de origen, el 11 de agosto se mantuvo como la fecha inamovible de conmemoración popular.
Fue a principios del siglo XX cuando el visionario agrimensor y colonizador Carlos Culmey comenzó a impulsar el proyecto de lo que se conocería como la Colonia Cuñá Pirú. Atraídos por la promesa de tierras fértiles, comenzaron a llegar las primeras familias de inmigrantes. En su mayoría, eran colonos suizos y pioneros de ascendencia alemana que provenían de Brasil. Se enfrentaron a un entorno indómito, sin caminos trazados, donde el machete, el carro tirado por bueyes y la fuerza de voluntad eran las únicas herramientas para abrirse paso en el monte.
El espíritu de trabajo en comunidad es el rasgo distintivo que ha marcado a Ruiz de Montoya a lo largo de su historia. Desde sus primeros años, los colonos comprendieron que para prosperar en la selva misionera necesitaban unir fuerzas. Este impulso solidario dio origen a un fuerte movimiento cooperativista que sigue siendo el motor económico y social de la localidad hasta el día de hoy.
La producción agrícola se convirtió rápidamente en el pilar de la zona. El cultivo de la yerba mate, la plantación de cítricos, la producción de mandioca y la incipiente ganadería fueron consolidando el perfil productivo del municipio. Las chacras de Ruiz de Montoya no solo abastecieron a sus propias familias, sino que comenzaron a generar un flujo comercial que dinamizó a toda la zona central de la provincia, interactuando fluidamente con los pueblos vecinos.
Hoy, a más de un siglo de la llegada de aquellos primeros pobladores al Valle del Cuñá Pirú, Ruiz de Montoya conserva el encanto de un pueblo tranquilo, pero con una infraestructura en constante crecimiento. Sus avenidas arboladas, la preservación de su entorno natural y el camping municipal Cuñá Pirú —uno de los atractivos turísticos más destacados de la región durante la temporada de verano— son un testimonio del equilibrio que la comunidad ha logrado entre el desarrollo urbano y el cuidado del medio ambiente.
El 11 de agosto no es solo una efeméride en un calendario cívico. Para los montoyenses, es el momento exacto para honrar a los abuelos y bisabuelos que dejaron su tierra natal buscando un horizonte de paz, y que encontraron en la emblemática tierra colorada el lugar definitivo para plantar sus raíces.

