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Pilar Sordo advierte sobre la fragilidad de los vínculos en la era digital: "Estamos más conectados pero más solos"

La reconocida psicóloga analiza la dificultad de "sostener" las relaciones y la urgencia de una conversación auténtica para la transformación social en el marco del ciclo #NadaEsTanSimple.

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Por Yanina Acosta
09 May, 2026 a las 11:00 hs
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En un mundo que avanza a la velocidad de un clic, donde la interacción digital promete cercanía constante, emerge una paradoja preocupante: ¿estamos más conectados pero, paradójicamente, más solos? La reconocida psicóloga Pilar Sordo aborda reflexiones que invitan a la introspección, desentrañó las razones por las cuales a la sociedad contemporánea le resulta tan esquivo el acto de "sostener" los vínculos, y subrayó la conversación real como el motor fundamental para cualquier transformación social genuina.

Sordo delineó la era actual como un tiempo de "monólogos intermitentes". Desde su perspectiva, la conversación, en su estado más puro, debería ser un acto de entrega total, una disposición a abrirse a la posibilidad de que el intercambio nos modifique. "Sentarse a conversar debería ser un acto de disponibilidad absoluta, donde uno entra dispuesto a salir pensando algo distinto", afirmó la especialista. Para ilustrar su punto, estableció una analogía con el arte de bailar: "No bailamos para dar un espectáculo, sino para compartir la música". De esta manera, la conversación, lejos de ser una herramienta con un objetivo utilitario o material, debería concebirse como el simple y poderoso acto de encontrarse en la otredad, un espacio para el reconocimiento mutuo y la empatía.

Uno de los pilares centrales de la reflexión de Sordo giró en torno a lo que denominó la "Vagancia Emocional". Esta tendencia se manifiesta en la creciente exigencia social de que todo en la vida sea "divertido y fácil", generando una profunda resistencia a transitar cualquier tipo de incomodidad. "Huir del conflicto" se ha convertido en una norma no escrita; ante la mínima señal de tensión o desacuerdo, la reacción instintiva es la de "cortar el vínculo", antes de intentar comprender o resolver la situación. Este fenómeno está intrínsecamente ligado al "miedo a sentir", a la renuencia a afrontar el peso de la realidad y las emociones que ella conlleva. La psicóloga señaló cómo este temor empuja a muchas personas a buscar un "refugio" en la "dopamina de las pantallas", ese torrente de gratificación instantánea que ofrecen las redes sociales y los dispositivos digitales, a expensas de la profundidad de las conexiones humanas reales.

En este contexto, Sordo analizó el "Fenómeno Tinder" y sus implicancias sociológicas. La lógica de "sigue buscando", tan familiar en el scroll infinito de las redes sociales, se ha trasladado a la esfera de las relaciones personales. La ilusión persistente de que "siempre hay algo 'mejor' o más 'perfecto' a un clic de distancia" impide, según la experta, el compromiso necesario para "hacer crecer" las relaciones en las que uno ya se encuentra. Esta mentalidad perpetúa un estado de "insatisfacción permanente", donde la posibilidad de cultivar un vínculo profundo se ve eclipsada por la búsqueda incansable de una utopía inalcanzable.

En un intento por desmantelar concepciones erróneas sobre el amor y la pareja, la psicóloga se refirió al mito de la "Media Naranja", calificándolo de "poco saludable". "Si yo soy la mitad de algo y crezco, dejo de necesitar al otro", explicó Sordo, señalando la falacia de un modelo basado en la complementariedad que roza la dependencia. La propuesta de la especialista es radicalmente diferente: construir vínculos desde la base de personas "medianamente completas" que, en lugar de buscar llenar vacíos, eligen "acompañarse". Se trata de uniones que nacen no de la carencia, sino de la "generosidad de compartir sus mundos", de la voluntad de enriquecer la vida del otro con la propia experiencia y visión.

Para culminar su análisis, Pilar Sordo enfatizó la importancia de la pausa y el silencio en un mundo acelerado. "Para que algo aparezca, necesitamos la pausa, el silencio y la capacidad de decir ‘no sé’ o ‘dame tiempo para pensarlo’", concluyó. Estas declaraciones reivindican el valor de la espera, una cualidad que la sociedad moderna, inmersa en la tiranía de la inmediatez, parece haber olvidado. La espera, entendida no como pasividad sino como un espacio fértil para la reflexión y el crecimiento, es, para Sordo, la llave que abre la puerta a vínculos más auténticos y a una transformación social significativa, donde la conexión real prime sobre la aparente cercanía digital.

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