Jardín América se ve enriquecida una vez más con la obra del escritor Oscar Daniel Cantero, quien presenta su tercera publicación dedicada a desentrañar los misterios y la rica historia de la localidad. En esta ocasión, el foco se centra en "San Francisco de Paula", una reducción posjesuítica cuya existencia y particularidades ofrecen una perspectiva fascinante sobre el desarrollo temprano de la región.
La investigación de Cantero complementa y valida la información que previamente había sido impulsada por la Junta de Estudios Históricos, Sociales y Literarios de Jardín América. Cabe recordar que en 1990, esta entidad dio inicio a su colección de "Cuadernos Jardinenses" con un trabajo de Jorge Francisco Machón sobre San Francisco de Paula. Dicho material evolucionó a lo largo de los años, con publicaciones como "La reducción de guayanás del Alto Paraná San Francisco de Paula" (1996) hasta su versión más completa en 2006, "San Francisco de Paula y los kaingang de las Altas Misiones".
El contexto histórico de San Francisco de Paula es crucial. Tras la orden real de 1767 del rey Carlos III, que dispuso el extrañamiento de los sacerdotes de la Compañía de Jesús de los territorios españoles en 1768, los pueblos de Misiones entraron en una fase de declive. Sin embargo, en medio de esta decadencia, surgió una excepción notable: San Francisco de Paula. Fue la única reducción fundada con posterioridad a la expulsión jesuítica, impulsada por padres dominicos, y, por lo tanto, el único pueblo de Misiones de esa época que no tuvo origen jesuita.
Las particularidades de San Francisco de Paula no terminan ahí. A diferencia de la mayoría de las reducciones, sus habitantes no eran guaraníes, sino guayanás. La reducción se ubicaba en lo que hoy es una zona rural conocida como El Campito, cerca del arroyo Ibiray, hoy llamado Tabay. Fundada en 1768, contó con Fray Bonifacio Ortiz como cura y administrador inicial, seguido por Fray Mariano Alcaraz.
A pesar de sus singularidades, San Francisco de Paula enfrentó dificultades económicas significativas, dependiendo en gran medida de la caridad de otros pueblos. Su autosuficiencia nunca se logró. La estructura de gobierno local incluía un cabildo integrado por líderes indígenas de los cacicazgos de Camuná, Acuné, Mombí, Caarí y Mbirí.
Lamentablemente, en enero de 1800, el pueblo fue destruido por una partida de indios tupíes. Sus habitantes se dispersaron, aunque permanecieron en las cercanías hasta mediados del siglo XIX. La toponimia local aún guarda vestigios de su existencia, con el arroyo Capilla y la posible derivación de Tabay del guaraní "taba-í" (pueblo chico), reafirmando el legado de esta singular reducción en la historia de Jardín América.

