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Vocación de fe pública: el Día del Escribano y la garantía de la seguridad jurídica

Cada 2 de octubre, la comunidad de la notaría en Argentina y en toda América Latina celebra el Día del Escribano. Una fecha dedicada a reconocer el rol fundamental de estos profesionales como garantes de la fe pública, la legalidad y la tranquilidad de las familias e instituciones en sus momentos más trascendentales.

Escribano Buenos Aires Notariado Latino seguridad jurídica
Foto de Bruno Schenone
Por Bruno Schenone
02 Oct, 2026 a las 17:00 hs
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La fecha elegida para esta conmemoración tiene una impronta profundamente latinoamericana e institucional. El 2 de octubre de 1948 se inauguró en la ciudad de Buenos Aires el Primer Congreso Internacional del Notariado Latino. Aquella histórica cumbre fue impulsada por el jurista argentino José Adrián Negri, una figura ilustre del notariado que concibió la idea de unir en una sola organización internacional a los escribanos de los países que profesaban el sistema notarial de tradición germano-romana. De ese histórico encuentro nació la Unión Internacional del Notariado Latino, una organización no gubernamental que en la actualidad agrupa a más de noventa países de los cinco continentes. A partir de esa reunión de 1948, se estableció el 2 de octubre como el día para conmemorar la labor diaria de los escribanos, resaltando su compromiso con la verdad y la certidumbre en las relaciones jurídicas de la sociedad.

A menudo se asocia la tarea notarial de manera simplista con la firma de un contrato o el timbrado de un documento. Sin embargo, la labor del escribano público abarca una dimensión mucho más vasta, compleja y humana. El escribano es un profesional del derecho que ejerce una función pública por delegación del Estado, y su misión central es dotar de fe pública a los actos y contratos en los que interviene. La fe pública es una facultad de carácter sagrado en el ámbito del derecho, lo que implica que todo aquello que el escribano asevera haber visto, oído o presenciado en el ejercicio de sus funciones se presume auténtico, verdadero y con pleno valor probatorio hasta tanto no se demuestre judicialmente lo contrario.

Entre sus responsabilidades primordiales se destacan el asesoramiento impartial y la prevención de conflictos. El escribano no actúa únicamente al final de una transacción, sino que su trabajo comienza mucho antes, evaluando las intenciones de las partes, advirtiendo sobre posibles riesgos legales y encuadrando la voluntad de los ciudadanos dentro del marco normativo adecuado. Además, ejerce un estricto control de legalidad antes de autorizar cualquier escritura pública, analizando de forma minuciosa los títulos de propiedad, verificando el estado de dominio del bien, constatando que no existan embargos ni deudas impositivas, y comprobando la capacidad jurídica de los otorgantes. Todo este proceso culmina con la conservación permanente de los documentos en el protocolo notarial, asegurando que el historial patrimonial y los acuerdos de una comunidad queden resguardados a lo largo del tiempo.

El lema histórico que sostiene que una notaría abierta evita juzgados cerrados sintetiza con claridad el impacto preventivo de esta profesión. Al asegurar que cada compraventa de un inmueble, testamento, donación, constitución de una sociedad o poder especial cumpla estrictamente con la ley, la intervención notarial ahorra a los ciudadanos y al Estado costosos y desgastantes procesos judiciales. En la vida cotidiana, las personas recurren a un escribano en los momentos más importantes de su historia personal y patrimonial, como cuando compran su primera vivienda, protegen la casa familiar o planifican el destino de sus bienes para cuidar a sus seres queridos. En cada una de esas situaciones, la figura del escribano actúa como un pilar imprescindible de certeza y ecuanimidad.

Por otra parte, el notariado contemporáneo enfrenta desafíos significativos en un entorno dominado por la transformación digital, la inteligencia artificial y la paulatina desmaterialización del papel. Lejos de quedar obsoleta, la función notarial ha sabido adaptarse e integrar herramientas modernas como la firma digital, el protocolo electrónico y la tramitación remota de certidumbres. Sin embargo, ante el avance de la tecnología, la figura humana del escribano reafirma su valor insustituible. Si bien la tecnología permite validar canales, códigos o algoritmos, únicamente el profesional de la fe pública puede certificar la plena libertad de las personas, verificar la ausencia de presiones externas, asegurar la comprensión cabal del acto que se firma y dar testimonio fiel de la voluntad de las partes.

Al celebrar cada 2 de octubre el Día del Escribano, la sociedad rinde homenaje no solo a una tradición profesional con siglos de historia, sino también a una institución fundamental para la paz social, el respeto a las leyes y la estabilidad jurídica y económica de toda la comunidad.

Foto de Bruno Schenone

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