La historia de la Escuela Especial Nº 36 de Capioví no empezó con un edificio ni con una resolución ministerial, sino con un grupo de familias y profesionales convencidos de que los chicos y las chicas con discapacidad tenían derecho a un espacio propio. Ese recorrido tuvo dos momentos que, vistos a la distancia, funcionan como dos estaciones de un mismo camino.
El primero se remonta al 27 de abril de 2002, cuando en el Complejo Municipal de Capioví comenzó a funcionar un Centro Recreativo destinado a niños y jóvenes con discapacidad. La iniciativa surgió desde la propia comunidad y tuvo entre sus impulsoras a Isabel Nobs, madre de un niño con discapacidad, que empujó un proyecto sostenido inicialmente por un grupo de profesionales que desarrollaba su tarea ad honorem.
Aquel primer equipo estuvo integrado por Claudia Analía Araujo, profesora en Educación Especial; Norma Strieder, entonces estudiante avanzada de la carrera; Virginia Muntaner, psicopedagoga; Lucía Derwiduée, trabajadora social; Cecilia Encalada, profesora en Artes; y Samanta Nesteruk, profesora en Educación Física. Las familias también fueron protagonistas: acompañaron el proyecto y colaboraron incluso con la adquisición de materiales, en un tiempo en que nada estaba garantizado de antemano.
Sin embargo, aquel Centro Recreativo todavía no era una escuela. El segundo momento, y el que se recuerda en esta efeméride, llegó el 1º de octubre de 2002. Las gestiones realizadas y el acompañamiento del entonces intendente Juan Borgmann permitieron que la experiencia iniciada meses antes diera un paso fundamental: la creación del Aula Satélite de Educación Especial, dependiente de la Escuela Especial Nº 17 de Ruiz de Montoya, cuya directora era Lilian Reinoso.
Es decir, el 27 de abril comenzó la experiencia comunitaria que abrió el camino y el 1º de octubre aquella iniciativa adquirió carácter educativo institucional como Aula Satélite. No fueron dos comienzos diferentes, sino dos etapas de un mismo proceso. En esta nueva instancia, Claudia Analía Araujo quedó como única maestra de grado, acompañada por Virginia Muntaner y Lucía Derwiduée.
Cuatro años después llegaría otro paso decisivo. El 1º de junio de 2006, mediante la Resolución Nº 3721/06 del Consejo General de Educación, el Aula Satélite alcanzó su autonomía y se convirtió en la Escuela Especial Nº 36 de Capioví. Más adelante, en 2010, se concretaría otro anhelo largamente perseguido: la inauguración de su edificio propio.
Por eso, cuando se habla de los orígenes de la Escuela Especial Nº 36 conviene recordar una historia construida por etapas: el 27 de abril de 2002 comenzó el Centro Recreativo; el 1º de octubre de 2002 aquella experiencia se institucionalizó como Aula Satélite de Educación Especial; y el 1º de junio de 2006 obtuvo su autonomía y nació formalmente la escuela.
A 24 años de aquel 1º de octubre, la comunidad educativa recuerda especialmente a quienes transformaron una necesidad de las familias en un proyecto comunitario y, posteriormente, en una institución educativa que continúa formando parte de Capioví. Una historia que no nació de un día para otro: se construyó paso a paso, con familias, profesionales, gestión y comunidad.

