El paraje del Teyú Kuaré y su península, un lugar que desafía la lógica con sus innumerables construcciones modernas erigidas en un territorio hostil para la época, se presenta como un intrincado enigma para la ciencia. Las condiciones de inhabitabilidad e inaccesibilidad, marcadas por densa selva, alta humedad, la presencia de innumerables animales salvajes y la carencia de caminos, hacen aún más desconcertante la existencia de edificaciones que parecen carecer de sentido aparente. El río Paraná, generoso en caudal pero traicionero para su navegación, se suma a las dificultades del acceso.
Sin embargo, la figura de Don Horacio Quiroga, inefable morador de la zona a principios del siglo XX, emerge como la guía principal para comprender este enigmático rincón de Misiones. Quiroga, quien amó este terruño junto a su familia y vivió un destino trágico, supo convivir con la naturaleza misionera, dominar las aguas del bravo Paraná y, sobre todo, narrar aventuras con una maestría incomparable.
En su extensa obra literaria, el cuento “A la deriva”, publicado en 1917, ofrece una descripción vívida y poética del paraje, vista desde la perspectiva del agua. Este relato nos permite vislumbrar la vida cotidiana en construcciones que, décadas después de su época, habrían de poblar la zona, evocando la atmósfera de estas edificaciones. Quiroga escribe:
“El Paraná corre allí en el fondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río. Desde las orillas bordeadas de negros bloques de basalto, asciende el bosque, negro también. Adelante, a los costados, detrás, la eterna muralla lúgubre, en cuyo fondo el río arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua fangosa. El paisaje es agresivo, y reina en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una majestad única.”
Esta evocación literaria de Quiroga no solo captura la belleza sombría y la majestad única del Teyú Kuaré, sino que también plantea interrogantes profundos sobre su historia. La coexistencia de la cruda realidad natural con la presencia de construcciones modernas, cuya finalidad aún se debate, invita a una investigación exhaustiva que trascienda los límites de una sola disciplina. La ciencia busca respuestas a la viabilidad y el propósito de dichas edificaciones en un entorno tan desafiante, mientras que la literatura, a través de la lente de Quiroga, nos permite sentir la esencia de ese lugar, sus misterios y su encanto particular, conectando el pasado con el presente en un fascinante diálogo de investigación y evocación.
Un agradecimiento especial al Archivo General de la Nación por la imagen de la portada.