La provincia conmemora una nueva edición del Día Provincial de las Letras y la Imprenta Guaranítica Misionera, una fecha instituida por la Cámara de Representantes de Misiones para promover la memoria histórica, la valoración de la literatura provincial y la preservación de la identidad intercultural misionera. La jornada rinde homenaje a un hito fundamental del patrimonio cultural, lingüístico e histórico de la región: el nacimiento de la imprenta tipográfica en las misiones jesuíticas.
La conmemoración recuerda el 18 de septiembre, día en que se otorgó la autorización oficial a los padres jesuitas para instalar la imprenta en el territorio de las Misiones de la Provincia Jesuítica del Paraguay. Y lo hace con un condimento especial este año: tras casi dos siglos y medio fuera del territorio, la emblemática prensa de la imprenta guaraní-jesuítica volvió a pisar suelo misionero mediante gestiones provinciales ante el gobierno nacional y distintas instituciones de custodia histórica.
La pieza fue instalada y presentada en el Parque del Conocimiento, en Posadas, en el marco del Simposio Legado Guaraní Jesuítico. Se trata de una repatriación temporal: luego de la expulsión de los jesuitas en 1767, la imprenta y sus componentes se dispersaron, y la estructura de la prensa recuperada forma parte del acervo del Cabildo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, desde donde fue trasladada en préstamo a Misiones para su exhibición pública.
Los historiadores coinciden en que aquella fue una innovación tecnológica sin antecedentes para la época. Fabricada hacia el año 1700 en las reducciones —principalmente en Loreto y San Javier—, fue la primera imprenta construida en el Río de la Plata y en gran parte de América del Sur. El dato más llamativo es su origen: la prensa no fue importada de Europa. Fue elaborada íntegramente en la selva misionera por sabios e impresores guaraníes junto a los jesuitas, utilizando maderas nativas locales para la estructura y fundiendo los tipos móviles con plomo y bronce extraídos o adaptados en la zona.
La producción editorial de la imprenta guaranítica misionera generó lo que los historiadores y bibliófilos denominan incunables guaraníticos o incunables sudamericanos: más de una veintena de títulos impresos entre 1700 y 1727. La prensa sirvió primordialmente para plasmar textos en lengua guaraní —diccionarios, vocabularios, catecismos y manuales religiosos—, fijando de manera escrita la lengua originaria y consolidando la literatura guaranítica.
El primer libro que salió de este taller fue el Martirologio Romano, una traducción al español enviada desde Europa. Sin embargo, el primer volumen extenso impreso de punta a punta en la región fue De la diferencia entre lo temporal y eterno (1705), obra original del padre Juan Eusebio Nieremberg traducida al guaraní por el jesuita José Serrano. Se trató de una obra monumental de más de 500 páginas, ilustrada con grabados en madera (xilografías) hechos por artesanos guaraníes.
Uno de los aspectos más sobresalientes fue la publicación de obras redactadas por autores originarios en su propia lengua, algo insólito para la época colonial. La figura central es la de Nicolás Yapuguay, cacique y músico guaraní de la reducción de Santa María la Mayor, autor de la Explicación del Catecismo en lengua guaraní (1724), de más de 400 páginas y considerada por los especialistas como el mejor logro tipográfico y estético de los talleres misioneros. A él se suma Sermones y Ejemplos en lengua guaraní (1727), impreso en la reducción de San Javier, con homilías y narraciones educativas y modismos del idioma local.
El catálogo se completa con obras lingüísticas y de uso cotidiano, como el Vocabulario de la lengua guaraní (1722), reorganización impresa del célebre diccionario del padre Antonio Ruiz de Montoya; manuales de gramática destinados a los jesuitas recién llegados de Europa; y calendarios y folletos de oraciones para iglesias y escuelas de los pueblos misioneros.
Salvo el papel, que se importaba de España o Italia, todo lo demás era autóctono. La tinta se elaboraba localmente mezclando carbón vegetal, jugos de plantas nativas y extractos de yerba mate. Las ediciones eran reducidas —generalmente de entre 50 y 100 ejemplares por título— y estaban destinadas exclusivamente al uso interno de las 30 reducciones guaraníes.
Desde el ámbito provincial destacan que esta repatriación temporal no solo honra la memoria de la primera prensa fabricada en el Río de la Plata, sino que refuerza la búsqueda de recuperar el acervo bibliográfico y material elaborado por impresores y artesanos guaraníes en las reducciones. La coincidencia temporal del regreso de la máquina, en septiembre, enmarca de manera especial las celebraciones de esta jornada que celebra la palabra escrita en lengua originaria.

