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El Cerebro: Un Universo Desconocido en Nuestro Interior

En el Día Mundial del Cerebro, desentrañamos curiosidades fascinantes sobre el órgano que rige nuestra existencia, desmitificando creencias populares y resaltando su vital importancia.

Cerebro Federación Mundial de Neurología trastornos mentales Albert Einstein MIT
Foto de Yanina Acosta
Por Yanina Acosta
22 Jul, 2026 a las 14:00 hs
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Hoy, 22 de julio, la atención se centra en uno de los protagonistas silenciosos de nuestras vidas: el cerebro. Conocido popularmente como la "materia gris", este órgano es el epicentro de nuestras capacidades cognitivas y de las intrincadas reacciones que dan forma a nuestra existencia. Desde la capacidad de pensar y abstraer hasta la ejecución de las acciones más simples, todo emana de su complejo entramado.

La Federación Mundial de Neurología (WFN) instauró esta fecha para promover la reflexión sobre el potencial inmenso del cerebro, pero también para generar conciencia sobre los riesgos y enfermedades que pueden afectarlo. Las cifras son alarmantes y se estima que aproximadamente el 13% de las enfermedades a nivel global están ligadas a afecciones neurológicas y trastornos mentales. A menudo subestimados, estos padecimientos "silenciosos" requieren una mayor visibilidad y, sobre todo, una apuesta decidida por la prevención.

La migraña, las enfermedades neurodegenerativas, los accidentes cerebrovasculares y los diversos trastornos mentales son solo algunos ejemplos de las patologías que ponen de manifiesto la fragilidad de este órgano. La concienciación sobre la necesidad de cuidados preventivos es fundamental para mitigar el impacto de estas dolencias.

En el marco de esta celebración, es oportuno repasar algunas curiosidades que desvelan la maravilla que reside en nuestro cráneo. Un dato fascinante es que, aunque es el órgano encargado de procesar el dolor de todo nuestro cuerpo, el tejido cerebral en sí mismo carece de receptores de dolor. Por eso, la anestesia utilizada en intervenciones con pacientes despiertos protege el cuero cabelludo y las membranas craneales, pero no el cerebro, que es completamente insensible.

Por otro lado, solemos asociar el tamaño físico con la capacidad intelectual, pero la realidad demuestra lo contrario. A diferencia de lo que se podría suponer, el cerebro de Albert Einstein pesaba casi un 10% menos que el promedio de un adulto. Sin embargo, análisis posteriores revelaron que poseía una mayor densidad de conexiones y células de soporte en áreas asociadas al pensamiento complejo.

El cerebro también tiene mecanismos de supervivencia sorprendentes, como un proceso de autofagia que ocurre durante ciertas dietas. Estudios sugieren que, en periodos de restricción calórica severa, las células cerebrales pueden iniciar un ciclo para alimentarse de pequeñas porciones de sí mismas, renovándose en el proceso. Otra creencia muy extendida es la idea de que solo usamos el 10% de nuestra capacidad, lo cual es un mito total. Los escáneres cerebrales confirman que empleamos la totalidad del cerebro de forma continua, manteniendo actividad en todas sus áreas incluso durante el sueño profundo.

Y hablando de nuestra mente interior, la falibilidad de la memoria nos demuestra que nuestros recuerdos no son grabaciones perfectas. Cada vez que evocamos un evento, el cerebro lo reconstruye, haciéndolo vulnerable a ser modificado por nuestras emociones actuales o por nueva información.

En nuestro día a día, dependemos enormemente de una especie de piloto automático para las decisiones. Se calcula que cerca del 95% del procesamiento que realizamos ocurre de manera subconsciente, siendo solo un pequeño porcentaje fruto de una atención plena. Además, hemos dejado atrás simplificaciones desactualizadas sobre cómo trabajamos mentalmente. La creencia de que el hemisferio derecho es exclusivamente creativo y el izquierdo lógico ya no se sostiene. La neurociencia moderna demuestra que, para cualquier tarea compleja, ya sea artística o matemática, ambos hemisferios trabajan en conjunto y se comunican constantemente.

Nuestra conexión con los demás también tiene una base biológica a través de las enigmáticas neuronas espejo, las cuales se activan tanto al realizar una acción como al observar a otra persona ejecutarla. Estas son la base que nos permite aprender por imitación y experimentar empatía.

A nivel de percepción visual, las capacidades cognitivas son asombrosas y logran un procesamiento ultrarrápido de imágenes. Investigaciones del MIT revelan que somos capaces de identificar y procesar una imagen completa en tan solo 13 milésimas de segundo, una velocidad sorprendentemente mayor a la que se estimaba en el pasado. Finalmente, al llegar la noche entramos al mundo de los sueños. Todos soñamos, aunque no siempre lo recordemos, y la clave para retener esas historias oníricas reside simplemente en anotarlas o evocarlas de manera inmediata en el instante en que nos despertamos.

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