El proyecto del aprovechamiento multipropósito Corpus Christi ha regresado al centro del debate público en Misiones, impulsado por una combinación de necesidad energética regional y una actualización técnica que busca diferenciarse de las propuestas rechazadas en el pasado. El antecedente fundamental de esta discusión es el plebiscito del 14 de abril de 1996, un hito en la democracia participativa donde el 88,63% de los misioneros votó en contra de la represa. Ese evento derivó en la sanción de la Ley Provincial 3.294, que establece la obligatoriedad de una consulta popular vinculante antes de iniciar cualquier emprendimiento hidroeléctrico sobre el río Paraná. A tres décadas de aquel hito, el escenario eléctrico provincial presenta desafíos estructurales que han llevado a instituciones técnicas a plantear la urgencia de nuevas fuentes de generación, mientras la memoria colectiva sigue marcada por las heridas abiertas que dejó la construcción de Yacyretá.
Para comprender la resistencia actual en Misiones, es indispensable analizar el impacto histórico de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY). El dolor de Yacyretá no es una abstracción, sino una realidad que transformó para siempre a ciudades como Posadas y Encarnación. El llenado del embalse hasta la cota final supuso un costo humano y ambiental altísimo que marcó a fuego la identidad regional. Miles de familias fueron desplazadas de sus hogares costeros, perdiendo no solo sus casas, sino sus lazos vecinales y sus medios de vida tradicionales. El desarraigo forzado generó un trauma social persistente: familias de pescadores y oleros fueron trasladadas a barrios alejados del río, rompiendo su vínculo vital con el agua y dejándolos en una situación de vulnerabilidad económica que duró décadas.
Desde lo ambiental, Yacyretá alteró de forma irreversible el ecosistema del Alto Paraná. La desaparición de los rápidos de Apipé afectó gravemente la migración de los peces, un recurso vital para la biodiversidad y la economía de subsistencia. El estancamiento de las aguas modificó la calidad hídrica y provocó la pérdida de miles de hectáreas de bosques nativos. Estos daños, percibidos por muchos misioneros como una entrega de recursos naturales a cambio de beneficios que fluyeron mayoritariamente hacia los grandes centros de consumo como Buenos Aires, consolidaron una desconfianza profunda hacia cualquier megaproyecto hidroeléctrico.
Actualmente, el sistema eléctrico de Misiones muestra signos de fragilidad que afectan el desarrollo productivo. Más del 85% de la energía consumida en la provincia depende de una única conexión con el sistema interconectado nacional a través de la línea de 500 kV. Esta dependencia genera una vulnerabilidad crítica; ante cualquier falla en el transporte nacional, la provincia queda aislada eléctricamente. Al no contar con gas natural, Misiones debe recurrir a centrales térmicas alimentadas por diésel para cubrir la demanda. Este esquema es costoso, ineficiente y contaminante, lo que encarece las tarifas locales y limita la radicación de nuevas industrias. Frente a este diagnóstico, el proyecto en el emplazamiento Pindo-í se presenta como una alternativa técnica que busca aprender de los errores del pasado.
Ubicado en el kilómetro 1.658 del río Paraná, el diseño de Pindo-í aprovecha una zona donde la topografía del río es encañonada, lo que permite un embalse mucho más estrecho y profundo. Según la Síntesis Ejecutiva de la COMIP (2020), esta característica permite generar una potencia instalada de 2.880 MW con un área de inundación neta de 13.838 hectáreas. El informe destaca que el proyecto presenta una relación de 5,9 hectáreas inundadas por cada megavatio generado. Para ponerlo en perspectiva, esta proporción es diez veces menor que la de Yacyretá y muy inferior al promedio mundial, lo que sitúa a la obra dentro de los estándares internacionales de una "buena represa" (Good Dam). La estructura prevista incluye una presa de enrocado con pantalla de hormigón de 3.500 metros de longitud y un vertedero con capacidad para evacuar 95.000 metros cúbicos por segundo.

Desde una perspectiva socioambiental, los datos técnicos del informe de la COMIP indican que el impacto sobre los asentamientos humanos es significativamente menor al de opciones previas. Se estima la necesidad de relocalizar a 220 viviendas en total, de las cuales 105 corresponden a la margen argentina. Esta cifra representa una diferencia abismal frente a las decenas de miles de familias desplazadas por Yacyretá. El proyecto también identifica una sola comunidad originaria afectada en territorio argentino (Comunidad Marangatú) y prevé programas de compensación y desarrollo local simultáneos a la obra para evitar el trauma del desarraigo masivo. Asimismo, se contemplan sistemas de transferencia de peces y programas de manejo de bosques nativos para intentar mitigar la alteración del corredor biológico del río.
En términos de infraestructura regional, la obra no se limita exclusivamente a la generación eléctrica. Se contempla la construcción de una esclusa de navegación para trenes de barcazas, asegurando la continuidad del tráfico fluvial y mejorando la logística regional hacia el océano. Además, el coronamiento de la presa funcionaría como una interconexión vial entre Argentina y Paraguay. La inversión estimada para el proyecto asciende a los 4.192 millones de dólares, y su puesta en marcha generaría para Misiones regalías hidroeléctricas calculadas entre 36 y 40 millones de dólares anuales. Este flujo de fondos, sumado a la creación de un nuevo nodo de 500 kV que estabilizaría la red en el norte y este de la provincia, es visto por los sectores técnicos como el motor necesario para el desarrollo de industrias tecnológicas y la movilidad eléctrica.

No obstante, la viabilidad del proyecto no se agota en los análisis técnicos o económicos. El marco legal vigente en Misiones otorga a la ciudadanía el rol de árbitro final. El proceso para avanzar con Pindo-í requiere necesariamente la convocatoria a un nuevo plebiscito vinculante, donde los votantes deberán evaluar si el diseño actual logra evitar las secuelas sociales y ambientales que dejó Yacyretá. Este requisito legal garantiza que la soberanía sobre los recursos naturales permanezca en manos de la población local, impidiendo decisiones unilaterales desde los gobiernos centrales.
Puntos clave del proyecto Pindo-í según el informe COMIP:
-
Potencia instalada: 2.880 MW (20 turbinas Kaplan de 144 MW cada una).
-
Energía media anual: 19.770 GWh/año.
-
Eficiencia de superficie: Relación de inundación de 5,9 ha/MW, minimizando la pérdida de selva nativa.
-
Seguridad energética: Nuevo punto de conexión de 500 kV para reducir la dependencia de la red nacional.
-
Impacto social: Relocalización de 220 viviendas en total (105 en Misiones), evitando desplazamientos masivos.
-
Infraestructura asociada: Esclusa de navegación y puente vial binacional sobre el coronamiento de la presa.
-
Sustentabilidad: Reemplazo de generación térmica, evitando la emisión de 8 millones de toneladas de CO2 al año.
-
Costo de energía: Estimado en 31 dólares por megavatio hora.
-
Marco legal: Obligatoriedad de consulta popular según la Ley Provincial 3.294.
El debate actual confronta dos visiones sobre el futuro de Misiones: una que prioriza la seguridad energética y el crecimiento industrial para superar la debilidad eléctrica del sistema, y otra que, con la herida de Yacyretá aún abierta, prioriza la preservación total de los ecosistemas fluviales y mantiene una profunda desconfianza hacia las grandes represas. Mientras los organismos técnicos continúan actualizando los estudios y buscando esquemas de financiamiento público-privado, la discusión social se reaviva en los medios y foros profesionales. La decisión final quedará supeditada a un nuevo consenso social que deberá expresarse de manera obligatoria a través del voto popular, definiendo si la provincia está lista para aceptar este nuevo modelo de desarrollo o si el recuerdo de los daños históricos sigue pesando más que la promesa de energía y regalías.
(*) Aqui se puede leer la última síntesis ejecutiva de Marzo del 2020

