En la vibrante localidad de Jardín América, una figura destaca por su audacia y profesionalismo: Rocío Lamas, la pionera convirtirndose en la primer barbera en la zona. Con cinco años de trayectoria, Lamas se distingue no solo por ser la primera mujer en ejercer esta profesión, sino también por su enfoque inclusivo, que abarca desde niños hasta hombres adultos, e incluso mujeres y personas con discapacidad.
Cuando yo empecé con esto, sí, empecé con barba, cabello, cejas, todo lo que es el cuidado masculino. Solo masculino, explica Rocío, marcando la diferencia fundamental con la peluquería tradicional.
La historia de Rocío es un testimonio de búsqueda vocacional. Tras graduarse de maestra, descubrió que la docencia, si bien la conectaba profundamente con las realidades de sus alumnos, también la sumía en la tristeza al no poder resolver los inconvenientes familiares que presenciaba en las escuelas públicas. “Me involucraba mucho, venía triste a mi casa porque no podía hacer nada”, confiesa.
Decidió entonces explorar otros caminos. Se recibió de profesora de Folklore y también de masajista, pero sentía que aún no encontraba su lugar. Fue durante la pandemia, impulsada por su esposa, que descubrió la barbería. “¿Por qué no probás barbería? Si te llevás bien con los hombres, tenés buena relación, por ahí te gusta”, le sugirió su esposa, animándola a inscribirse en un centro de aprendizaje local.
El curso, que duró casi un año, demandó una inversión considerable, pero contó con el apoyo de su familia. “Mi mamá, mi esposa, mis amigas, mi hermano, todos colaboraron y pude comprar los sillones y las máquinas”, recuerda emocionada. Sus inicios fueron humildes, cortando en la cocina de su casa, donde las dificultades del espacio se transformaron en motivación para buscar un lugar propio.
Hace tres años, Rocío abrió las puertas de su barbería "Ro Barber" en Av. San Martín 406. El éxito no se hizo esperar. Su labor trasciende la estética masculina; también dedica tiempo a realizar masajes y rehabilitación a personas con discapacidad, una vocación que nació de su propia experiencia familiar.
La aceptación de la barbería entre los hombres ha crecido notablemente. “Los hombres en el último año empezaron a ser más abiertos. Por ejemplo, antes hacía cabello y barba y no cejas; los hombres decían que no. Pero un día empecé a ofrecerlo y ahora me piden ellos”, señala con satisfacción.
Rocío no solo se dedica a cortar cabello y barba, sino que también enseña el oficio. “El año pasado enseñé bastante, este año todavía no publiqué pero sí doy clases. Está bueno porque uno se va perfeccionando”, afirma. Su tarifa, busca ser accesible en tiempos económicos difíciles, comprendiendo la necesidad de mantener una buena imagen.
La historia de Rocío Lamas se entrelaza con la de su familia, ambos abuelos fueron pioneros en Jardín América: su abuelo materno, López, fue el primer carnicero, y su abuelo paterno, Lamas, el primer maestro, llegando a fundar una escuela en el Tabay. Rocío, siguiendo ese legado de emprender y dejar huella, se consolida como la primera barbera, una profesión que abraza con pasión y dedicación.

