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La Urgencia de Escuchar: Más Allá del Tiempo y los Algoritmos

Ante el clima de violencia y angustia que atraviesa la juventud, una docente de Filosofía revaloriza la escucha activa como herramienta pedagógica fundamental. "El algoritmo no educa ni acompaña", advierte, invitando a adultos y familias a ocupar su rol de "Hermanos Mayores".

Foto de Yanina Acosta
Por Yanina Acosta
23 Apr, 2026 a las 11:10 hs
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En un contexto social marcado por la creciente violencia y las amenazas que circulan, la rutina académica se vio interrumpida. Carolina I. Cané, profesora de Filosofía, decidió detener la clase y abrir un espacio de diálogo genuino con sus alumnos de 5to año. El objetivo: comprender cómo están viviendo esta realidad.

Lo que emergió de este encuentro trascendió la mera catarsis. Fue, según relata la docente, la revelación de un "milagro pedagógico": la escucha auténtica por parte de un adulto tiene la capacidad de hacer visible lo "invisible", de dar voz y presencia a aquello que de otra manera permanecería oculto.

Cané, formada en el carisma salesiano y con experiencia scout, enfatiza la distinción entre ser "pares" y "Hermanos Mayores". El rol del adulto, explica, no es el de un igual, sino el de una figura que posee la fortaleza emocional para sostener los miedos ajenos y, a cambio, infundir una chispa de responsabilidad. "Si nosotros no escuchamos, los entregamos al algoritmo", advierte con contundencia, señalando el riesgo real de que, ante la ausencia del mundo adulto por "falta de tiempo o comodidad", los jóvenes queden a merced de las redes sociales.

El algoritmo, a diferencia de un acompañamiento humano, no educa ni contiene. Su dinámica se limita a retroalimentar las angustias existentes, alimentando así un círculo vicioso de aislamiento y violencia. Las certezas que Cané se lleva de la conversación con sus alumnos son claras y contundentes:

La escucha es un acto de justicia. El agradecimiento expresado por los estudiantes, "Gracias por escucharnos", se traduce en un grito de existencia. El adolescente que no es reconocido por un adulto responsable, inevitablemente busca su reflejo en la aprobación efímera y volátil de una pantalla.

La escucha genera protagonismo. Al verbalizar sus dolores y preocupaciones, los jóvenes descubren que no son meras víctimas pasivas. Comienzan a reconocer su propia responsabilidad en el entorno que habitan y, más importante aún, manifiestan el deseo y la fuerza para transformar aquello que consideran equivocado.

El adulto debe estar presente. Para que los jóvenes se conviertan en verdaderos agentes de cambio, necesitan adultos que no rehúyan las preguntas incómodas ni los silencios cargados de significado. La presencia activa y dispuesta del adulto es fundamental.

La profesora lanza un llamado a la reflexión dirigido a sus colegas y a las familias: "No les tengamos miedo a sus ruidos ni a sus silencios". Subraya que si el adulto no ejerce su rol de guía y escucha, el algoritmo se erige como el único formador de las conciencias juveniles. "Ser adulto hoy es una urgencia ética", concluye, instando a brindar una escucha que "haga aparecer" al otro, le devuelva su voz y lo impulse a transformar su realidad. El mensaje final es una clara apuesta por la conexión humana frente a la desconexión digital: "Menos pantallas, más patios. Menos algoritmos, más encuentros."

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