Los intentos de estafa que llegan a los teléfonos no se detienen ni toman vacaciones: se reciclan. Cada beneficio anunciado, cada campaña de vacunación, cada temporada de alquileres o cada descuento comercial puede convertirse, en cuestión de horas, en el nuevo argumento de una maniobra delictiva. Así lo explican desde Cibercrimen, donde advierten que los delincuentes adaptan sus guiones a las temáticas que generan interés o preocupación en la población para construir confianza y forzar una decisión rápida.
Entre las modalidades que más circulan aparecen los falsos subsidios de energía. Por llamadas, mensajes de WhatsApp o publicaciones en redes ofrecen descuentos y, con esa excusa, buscan obtener datos personales, códigos de seguridad o conseguir que la víctima ingrese a enlaces falsos. Para darle credibilidad al engaño suelen utilizar la imagen de organismos y comercios conocidos.
Algo similar ocurre con los turnos médicos y los trámites del IPS. Una investigación originada en publicaciones de Facebook terminó con una mujer de 24 años detenida, acusada de cobrar por reservas que no existían. En otros casos, los estafadores usan la identidad del organismo para pedir que la persona comparta la pantalla del celular o instale aplicaciones de acceso remoto, una vía directa para tomar el control del dispositivo y de las cuentas bancarias.
El clásico cuento del tío sigue vigente y apunta con especial crudeza a los adultos mayores. Un supuesto familiar o un falso empleado bancario advierte que los dólares perderán valor o inventa una emergencia inmediata; después, otra persona se presenta en la vivienda para retirar el dinero. Desde el área especializada remarcaron una regla básica: ningún banco envía personal a los domicilios para cambiar o retirar billetes.
La modalidad que hoy se repite con más frecuencia es la del supuesto hijo o hija que escribe desde un número desconocido y asegura que cambió de teléfono porque se le rompió el anterior. Tras unos minutos de conversación afectuosa llega el pedido de dinero. Según precisaron desde Cibercrimen, este tipo de hechos registra alrededor de cuatro o cinco denuncias por día.
A esa lista se suma el robo de cuentas de WhatsApp, cuando los delincuentes obtienen el código de verificación y toman el control del perfil para pedir dinero a los contactos; la trampa de las compraventas, donde un supuesto comprador envía un comprobante y afirma haber transferido de más; las falsas inversiones, las ofertas de trabajo desde casa y las estafas sentimentales, en las que la confianza puede construirse durante semanas antes de que aparezca el pedido de dinero.
La respuesta policial también se reorganizó. Cibercrimen fue descentralizado y hoy las 15 Unidades Regionales cuentan con áreas especializadas, lo que permite intervenir desde distintos puntos de la provincia y preservar con mayor velocidad la evidencia digital, un insumo clave para identificar a los responsables.
La prevención, insisten, puede resumirse en tres acciones: detenerse, verificar y recién después actuar. Si llama un banco, cortar y comunicarse con la entidad por los canales oficiales. Si un familiar pide dinero desde un número nuevo, llamarlo al teléfono que ya se tenía registrado. Si llega un código de verificación, no compartirlo con nadie. Y si ofrecen un beneficio o un turno, comprobarlo directamente con el organismo o la empresa correspondiente.
Las historias cambian según la temporada y las preocupaciones de la gente, pero el objetivo es siempre el mismo: lograr que la víctima actúe antes de pensar. Esa urgencia, dicen los investigadores, es la señal de alerta más confiable.

