La Municipalidad de El Alcázar informó que avanza con trabajos de recuperación de caminos terrados en la zona rural comprendida entre los kilómetros 12 y 17 de la colonia, un tramo que viene sufriendo las consecuencias de un problema que no es nuevo ni casual: las nacientes de agua que emanan desde el propio trazado del camino.
Se trata de un sector donde el agua no llega desde afuera, sino que brota del mismo suelo sobre el que circulan los vehículos. Ese detalle, que a simple vista puede parecer menor, explica buena parte de las dificultades que enfrentan a diario los colonos de la zona: el terreno se ablanda, pierde consistencia y cualquier lluvia agrava el cuadro.
Según se detalló desde el área de Obras Públicas, la estrategia elegida no pasa por tapar el problema con una capa de material y seguir adelante, sino por atacarlo de forma puntual en cada tramo crítico. Para eso, el equipo municipal interviene con tareas de cuneteo, la instalación de sistemas de drenaje y la colocación de una base de piedras cubierta con tosca.
Una solución de fondo, tramo por tramo
La lógica de la intervención apunta a encauzar las vertientes naturales, es decir, a darle al agua un camino definido para que escurra sin destruir la calzada. El cuneteo permite conducir el excedente hacia los desagües y, una vez instalados, el agua deja de acumularse sobre la superficie de rodamiento.
Sobre esa base se coloca la piedra, que aporta firmeza y evita que el terreno ceda, y por encima se extiende la tosca, el material que termina de consolidar la superficie y permite un tránsito más parejo. Es, en la práctica, una reconstrucción del camino desde sus cimientos.
Desde el municipio explicaron que estos trabajos tienen un objetivo concreto: garantizar la seguridad y la transitabilidad de los colonos, que dependen de esos caminos tanto para trasladarse como para sacar su producción. Un camino intransitable no solo complica el viaje de una familia, también condiciona el trabajo cotidiano de la chacra.
El desafío de los caminos terrados
La zona rural comprendida entre los kilómetros 12 y 17 de la colonia presenta las características típicas de los caminos terrados: superficies que se degradan con el uso y con la humedad permanente, y que requieren un mantenimiento sostenido en el tiempo. Cuando además existe una naciente en el propio trazado, el esfuerzo de conservación se multiplica.
Por eso, la intervención en cada tramo crítico se plantea como una tarea de precisión. No se trata de una solución uniforme para todo el recorrido, sino de identificar dónde el terreno falla y actuar allí con las herramientas adecuadas: cuneteo donde hace falta despejar el escurrimiento, drenaje donde el agua se estanca y base de piedra con tosca donde el suelo necesita recuperar firmeza.
La obra, además, tiene una lectura que excede lo vial. En las colonias, el estado de los caminos ordena la vida diaria: define horarios de salida, tiempos de traslado, posibilidades de comercializar la producción y hasta el acceso a servicios básicos.
El municipio sostuvo que continuará con las tareas en el sector y que el trabajo se desarrolla de manera puntual sobre los puntos más complicados, con la mira puesta en consolidar el terreno y encauzar definitivamente las vertientes naturales que hoy complican el tránsito entre los kilómetros 12 y 17 de la colonia.