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Un doble tributo a las mujeres indígenas, guardianas de la memoria y de la tierra

Cada 5 de septiembre, el Día Internacional de la Mujer Indígena y el Día de la Mujer Mbya Guaraní invitan a reconocer el papel esencial de las mujeres originarias en la preservación de la cultura, la defensa del territorio y la construcción de un futuro con justicia.

Mujer Indígena Mbya Guaraní Bartolina Sisa Territorio Resistencia
Foto de Yanina Acosta
Por Yanina Acosta
05 Sep, 2026 a las 18:30 hs
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Cada 5 de septiembre, dos conmemoraciones se entrelazan en un mismo día para rendir tributo a quienes sostienen con sus manos la vida comunitaria, la sabiduría ancestral y la resistencia frente a las múltiples formas de opresión. El Día Internacional de la Mujer Indígena y el Día de la Mujer Mbya Guaraní confluyen en una fecha que interpela a las sociedades sobre el lugar que ocupan las mujeres originarias en la construcción de un futuro más justo y diverso.

La fecha recuerda a Bartolina Sisa, lideresa aymara que en el siglo XVIII comandó la resistencia contra el colonialismo español en el Alto Perú. Su valentía y su trágico destino se convirtieron en símbolo de la lucha de las mujeres indígenas de todo el continente. Este día, instaurado en 1983 durante el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América, busca visibilizar las condiciones de discriminación estructural, exclusión y violencia que enfrentan estas mujeres, al tiempo que reconoce su aporte fundamental a la humanidad.

En la región de la selva paranaense, la mujer Mbya Guaraní encarna la esencia misma de la identidad de su pueblo. Es ella quien transmite la lengua ñe'ẽ, esa herramienta sagrada que mantiene viva la palabra de los antepasados y que enhebra los relatos de la creación. También custodia los saberes sobre las plantas medicinales, los ciclos de la naturaleza y el arte de la cerámica y el tejido. En sus manos, el petyngua, la pipa sagrada, se convierte en instrumento de conexión con los dioses, y sus cantos y rituales sostienen el equilibrio espiritual de la comunidad.

Pero su rol va mucho más allá de la esfera doméstica. Las mujeres Mbya son protagonistas en la defensa del territorio ancestral frente al avance del desmonte, los agronegocios y la explotación de recursos naturales. Son ellas quienes muchas veces lideran las asambleas comunitarias, tejen redes de apoyo mutuo y sostienen la economía familiar a través de la artesanía, cuyos diseños reflejan una cosmovisión que concibe a la naturaleza como un ser vivo del cual no se puede disponer sin límites.

A pesar de su papel central, estas mujeres continúan enfrentando enormes desafíos. La falta de acceso a una salud intercultural que respete sus prácticas, la escasez de educación bilingüe que valore su lengua, y la precarización de sus condiciones de vida son obstáculos cotidianos. A ello se suma la violencia de género, muchas veces invisibilizada dentro y fuera de sus comunidades, y la criminalización de sus liderazgos cuando alzan la voz en defensa de sus derechos territoriales.

La convergencia de ambas fechas –la internacional y la destinada a la mujer Mbya Guaraní– no es casual. Ambas celebraciones comparten un mismo trasfondo: el reconocimiento de que las mujeres indígenas no son solo guardianas del pasado, sino arquitectas del presente y sembradoras del porvenir. Así lo demuestran los movimientos de mujeres indígenas que a nivel global están impulsando iniciativas de soberanía alimentaria, educación propia y participación política, articulando alianzas que trascienden las fronteras nacionales.

En este contexto, rendir homenaje a estas mujeres implica dejar de lado la retórica vacía. Exige políticas públicas concretas que garanticen el acceso a la tierra, a la salud con pertinencia cultural, a una educación que respete y revigore las identidades, y a espacios de toma de decisiones donde sus voces sean escuchadas no solo como representantes de sus pueblos, sino como sujetas políticas plenas.

Este 5 de septiembre, más que celebrar, es una oportunidad para comprometerse. Porque cuando una mujer indígena es reconocida y respaldada, se fortalece la trama comunitaria, se protege la biodiversidad del planeta y se honra la memoria de quienes, como Bartolina Sisa, soñaron con un mundo donde el respeto por la diversidad fuera la base de la convivencia. Las mujeres mbya guaraníes y todas las mujeres originarias nos recuerdan que la verdadera libertad no es posible sin justicia para ellas.

Foto de Yanina Acosta

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