Argentina se une este 26 de septiembre para rendir homenaje a una de las profesiones más apasionadas y fundamentales de la medicina: los cirujanos. La jornada, que excede el ámbito estrictamente sanitario, convoca cada año a instituciones, equipos de salud y familias a reconocer el trabajo de quienes dedican su vida al quirófano. En ese marco, el Colegio Médico de Jujuy se unió a la celebración y recordó la figura del ilustre Dr. Cosme Argerich, cuyo nacimiento, el 26 de septiembre de 1758, marcó un hito en la historia médica del país.
La elección de la fecha no es azarosa. Argerich no solo fue un destacado cirujano, sino también un médico y militar argentino que desempeñó un papel fundamental en la Revolución de Mayo y en la Guerra de Independencia Argentina. Su legado perdura como símbolo de dedicación y servicio a la comunidad, dos valores que hoy siguen definiendo el ejercicio de la cirugía.
Hijo del cirujano militar Francisco de Argerich, el joven Cosme viajó a España para estudiar medicina en la Real y Pontificia Universidad de Cervera, donde obtuvo el título de «Doctor en Medicina del Gremio y Claustro» en 1783. Aquella formación europea le permitió regresar a Buenos Aires con un bagaje científico poco habitual para la época, en un territorio donde la enseñanza formal de la medicina todavía estaba en ciernes.
A su regreso a Buenos Aires, desempeñó un papel crucial en la medicina de la ciudad y fue nombrado examinador del Protomedicato del Río de la Plata en 1794, organismo que regulaba el ejercicio profesional y la formación de quienes se dedicaban al arte de curar. El Dr. Argerich ejerció la medicina tanto en el ámbito privado como público, contribuyendo en hospitales organizados por órdenes religiosas y en el Colegio de Huérfanos. Desde 1802 dictó cátedra de medicina en el Protomedicato, dejando una huella indeleble en la formación de futuros médicos.
Su legado se extiende más allá de la medicina. Participó activamente en las invasiones inglesas, sirviendo como oficial del segundo escuadrón de los Húsares de Pueyrredón. Durante las batallas destacó su valía como cirujano, atendiendo a heridos tanto criollos como británicos, una decisión que le valió ser nombrado médico jefe del Hospital de la Caridad. Ese gesto, que ponía la vida por encima de la bandera, resume el ethos de la profesión que hoy se conmemora.
El Dr. Argerich también fue masón, integrando la Logia Independencia después de ser iniciado durante las invasiones inglesas. Su compromiso con la causa independentista y su labor médica y humanitaria lo convierten en un ícono de la historia argentina, recordado tanto por el bisturí como por su participación en los debates que abrieron paso a la emancipación.
En la Argentina contemporánea, el Día Nacional del Médico Cirujano invita a reflexionar sobre las condiciones en que se ejerce la especialidad: guardias prolongadas, decisiones críticas en segundos y la responsabilidad de intervenir el cuerpo humano para restaurar la salud. Para el Colegio Médico de Jujuy, la fecha es también una oportunidad para reconocer a los profesionales que sostienen los servicios de cirugía en todo el territorio y para reivindicar la figura de Argerich como faro de vocación.
La conmemoración se replica en ámbitos académicos, hospitalarios y gremiales, donde se suceden actos, mensajes y homenajes a los cirujanos y cirujanas que, día a día, continúan escribiendo la historia de la medicina argentina con el mismo espíritu de servicio que distinguió al prócer nacido hace más de dos siglos y medio.

