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Día Internacional de Concientización sobre la Muerte Gestacional, Perinatal y Neonatal: el duelo que también necesita ser escuchado

Cada 5 de octubre se conmemora una fecha que busca visibilizar el dolor de las familias que pierden un bebé durante el embarazo, el parto o los primeros días de vida, y llamar la atención sobre la necesidad de un acompañamiento sensible.

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Foto de Yanina Acosta
Por Yanina Acosta
15 Oct, 2026 a las 12:00 hs
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Hay bebés cuya vida fue muy breve, pero cuyo recuerdo permanece para siempre en sus familias. Cada 15 de octubre, el Día Internacional de Concientización sobre la Muerte Gestacional, Perinatal y Neonatal propone hacer lugar a ese amor y a un duelo que, en muchísimos casos, se transita en silencio.

La fecha no busca solo recordar. Busca nombrar. Poner palabras donde muchas veces solo hay un vacío difícil de explicar, incluso para quien lo atraviesa. La muerte de un bebé durante el embarazo, en el momento del nacimiento o en los días inmediatamente posteriores a la vida es una pérdida que involucra a madres, padres, hermanos, abuelos y a todo el entorno afectivo. Sin embargo, con frecuencia ese dolor queda recluido en el ámbito privado, sin espacio público donde expresarse ni interlocutores dispuestos a sostenerlo.

Hay un gesto que suele repetirse y que conviene desarmar: aquel que intenta restarle importancia a la pérdida con frases que buscan consolar pero terminan silenciando. El duelo gestacional, perinatal y neonatal no se mide en semanas de gestación ni en cantidad de días vividos. Se mide en el vínculo que ya existía, en las expectativas, en los nombres pensados, en los proyectos que empezaban a tomar forma. Reconocer eso es el primer paso para acompañar de verdad.

Acompañar puede empezar por algo simple: escuchar. Escuchar sin apurarse, sin interrumpir, sin buscar explicaciones ni consuelos apresurados. Respetar los tiempos de cada familia, que no son iguales ni universales. Hay quienes necesitan hablar de sus hijos e hijas todo el tiempo; hay quienes prefieren hacerlo de a poco, o en determinados momentos del año, o solamente con algunas personas. Ninguna de esas formas es incorrecta. Lo que hace la diferencia es un entorno que permita hablar si así se desea, y que no fuerce a callar cuando no.

También importa cómo se nombra. Hablar del bebé, decir su nombre si lo tiene, referirse a la experiencia sin eufemismos ni rodeos, ayuda a que la pérdida tenga un lugar real en la historia familiar. Para muchas familias, el reconocimiento social de ese bebé es una forma concreta de validar su existencia y, con ella, su ausencia.

En paralelo, la concientización apunta a revisar las prácticas de acompañamiento en los ámbitos donde estas situaciones ocurren. Una atención sensible implica información clara, tiempos respetados, privacidad, posibilidad de despedirse y de conservar recuerdos, y personal preparado para sostener una conversación difícil con humanidad. No se trata solo de protocolos: se trata de entender que del otro lado hay una familia atravesando uno de los momentos más duros de su vida.

Las redes de apoyo entre pares, los espacios de escucha y las iniciativas que buscan sacar el tema del terreno de lo tabú cumplen un rol central. Nombrar la muerte gestacional, perinatal y neonatal como parte de la experiencia humana —dolorosa, sí, pero real y colectiva— reduce el aislamiento de quienes la atraviesan y les devuelve algo esencial: la certeza de que no están solos ni solas.

A todas las familias que hoy recuerdan a sus bebés: su amor tiene un lugar. Y recordarlo, hablarlo y sostenerlo también es una forma de cuidar a quienes quedan.

Foto de Yanina Acosta

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