El episodio fue breve, como suelen serlo los arrebatos, pero la secuencia posterior obligó a trabajar contrarreloj a los investigadores. Un jubilado de 77 años, identificado como Lorenzo R., había retirado dinero de un cajero automático y se encontraba todavía frente a la entidad bancaria cuando una mujer se le acercó, le metió la mano en el bolsillo de la campera y le sacó el efectivo junto con su tarjeta de débito. Después, corrió y se perdió de vista.
Lo que la autora del hecho no calculó —o no advirtió— fue que la zona está cubierta por cámaras de videovigilancia. Esas imágenes se convirtieron en el hilo del que tiraron los efectivos de la Comisaría Primera para reconstruir el recorrido de la sospechosa y llegar hasta ella.
Según se informó, el hecho ocurrió alrededor de las 7 de este jueves, cuando el hombre acababa de concretar la extracción en el cajero. El monto sustraído ascendió a 288.000 pesos, una suma que, para un jubilado, difícilmente represente un número abstracto: se trata de dinero retirado con un destino concreto y que, en cuestión de segundos, quedó en manos de otra persona.
A partir de la denuncia, los pesquisas analizaron las grabaciones de las cámaras de seguridad y avanzaron con distintas averiguaciones hasta individualizar a la presunta autora del arrebato. Con el respaldo de la División Brigada de Investigaciones y de otras dependencias de la Unidad Regional IV, se montó un operativo que permitió localizar y aprehender a Valeria D., de 33 años, en la vía pública.
Durante el procedimiento, los policías secuestraron parte del dinero que la mujer llevaba en su poder y también la tarjeta de débito del damnificado, dos elementos que resultan clave para la causa: uno por su valor material, el otro porque permite acreditar la titularidad y vincular directamente el objeto con el hecho denunciado.
Por disposición del Juzgado interviniente, la detenida fue trasladada a sede policial, donde quedó a disposición de la Justicia. Resta ahora que se sustancie la investigación judicial para determinar su grado de responsabilidad y definir su situación procesal.
El caso vuelve a poner el foco sobre una modalidad delictiva que se concentra en los movimientos previos y posteriores a la extracción de dinero en efectivo. Los arrebatos frente a cajeros automáticos y entidades bancarias suelen consumarse en pocos segundos y aprovechan dos factores: la concentración de la víctima en la operación que acaba de realizar y el hecho de que el dinero ya está fuera del circuito bancario, sin registro que permita seguirle el rastro.
En ese contexto, las recomendaciones que suelen repetir las áreas de prevención apuntan a evitar manipular grandes sumas a la vista de terceros, guardar el efectivo antes de salir a la calle y, sobre todo, denunciar de manera inmediata. La celeridad no es un detalle menor: en este caso, la rapidez con que se radicó la denuncia y el trabajo sobre las cámaras fueron determinantes para recuperar, al menos, parte de lo sustraído y dar con la sospechosa.
La investigación continúa abierta y no se descartan nuevas medidas, aunque por el momento la causa tiene una detenida, dinero y una tarjeta secuestrados, y un recorrido reconstruido minuto a minuto por las cámaras que, esta vez, no dejaron margen para el olvido.

